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Mejores amigos (II)


Las rencillas del pasado fueron olvidadas, dando paso a una amistad que comenzaba a segmentarse de manera rápida. Eran inseparables, esto preocupaba a los amigos de ambos quienes no veían con buenos ojos la unión de dos seres que consideran de “distintos mundos” no estaban tan equivocados los uno de los otros.

Rodrigo le apasionaba la manera en que Andrés veía la vida. Era muy despreocupado, apasionado en sus cosas y fiestero como pocos. Esto despertaba un interés particular en él. Andrés con detenimiento se ofrecía a explicarle tips para enamorar a cualquier chica que quisiera. Era un arma de doble filo. Rodrigo fue descubriendo los detalles que su enemigo buscaba en una mujer. Él no era mujer, ni quería serlo. Pero sentía que en cualquier momento podía ser parte de su vida. Era cuestión de gustos, no perdía nada con intentarlo.

Andrés por su parte, se sentía atraído por los ideales de Rodrigo. Prefería no entrar a clases por escuchar los relatos históricos de su amigo. Sentía que él lo sabía todo y eso le gustaba. A cada duda existía una respuesta cercana. Quiso aprender a tocar guitarra pero todo fue en vano.  Los fallos y desaciertos que surgieron por el camino comenzaban a unirlos de una manera extraña. En un par de meses se sentían como hermanos.

Luego de una tortuosa clase de matemática el grupo de jóvenes decidió comprar algunas botellas de ron y tomar descanso mientras el bus de la universidad llegaba para recogerlos. Una hora de viaje lo separaba de la ciudad más cercana. Andrés fue el primero en unirse e invitó a Rodrigo a ser parte del “compinche” éste se rehusó alegando que nunca antes había tomado alcohol en su vida. “Sólo he probado el vino que en misa ofrece el cura” algunas personas se burlaron en sus narices, no le hizo daño ya estaba acostumbrado. Al final cayó en la trampa de su amigo que con empujones llenos de camaradería lo hizo cambiar de opinión. En ese entonces conoció a Paola, una esbelta trigueña que no dejaba de hacerle ojos a Andrés, esto le hizo entrar en alerta, se sentía en parte desilusionado.

Andrés no lo pensó dos veces y se adentró en la mente de Paola, ambos conversaron durante un largo tiempo. Existía química entre los dos. Algunos compañeros bromeaban sobre lo ocurrido y vaticinaban que sería la primera relación del salón. “Es momento de seguir celebrando” dijo Iván quien no escatimó en gastos para buscar otras botellas de ron. Cuando Andrés fue orinar en un terreno baldío, Rodrigo sintió que era momento de entablar relación con su “dulce compañera”.

-¿Te sirvo más ron?-le dijo sonriendo
-No gracias con el que tengo basta. Qué suerte tienen ustedes los hombres. Pueden orinar parados, en cualquier lugar y nadie los critica por eso- Dijo Paola moviendo con su dedo índice pedacitos de hielo.
-Ser hombre tienes su ventaja.
-¿Desde cuándo conoces a Andrés?
-Desde el liceo, aunque es ahora que lo vengo tratando.
-Es hermoso y sexy ¿Tiene novia?
-No que yo sepa-Rodrigo comenzaba a incomodarse.
-Deberías ayudarme.
-Si está en mis manos lo haré- Él sabía que mentía.
-Convéncelo de que se quede en mi casa esta noche.

Andrés interrumpió la conversación. Paola una experta en señas le advirtió a Rodrigo no decir nada de lo ocurrido, él calló. Aunque no quería decirle nada a su amigo, era hombre de promesas. Le gustara o no debía cumplirla.  Cuando el grupo comenzó a conocer a Rodrigo sentían aprecio por éste, aunque sospechaban que no era sincero del todo. El joven silencioso comenzaba a ganarse a un grupo de personas “inalcanzables” para él. Andrés ya algo tomado lo invitó a ser parte de la reunión tomando unas copas de ron. Los presentes gritaban a una voz  “Que se la tome… Que se la tome” canto desafinado que era acompañado por palmadas. Luego de varios intentos fallidos, todos lograron el objetivo al ver el gesto de su cara cuando el licor entró en su cuerpo. Repulsión, asco, amargura y un “no tomo más se olvidarían por completo algunas horas después. Sería una escena borrada en su cerebro, tiempo después le costaba aún reconstruirla.

Fue en esa reunión que por primera vez fumó cigarrillos. No sabía aspirar, tocía mucho y el humo llegaba a parar en la cara de Andrés que con una sonrisa despreocupada y algo ebrio quería enseñar a su amigo todas las técnicas de “los bajos mundos”. “Tienes que dejar de ser un tonto. Ser una avión y no dejarte de nadie” le decía en par de ocasiones. Dando a entender que debía fumar para ser respetado. Cuando logró sacar el humo de una manera aprobada por los expertos en cigarrillos todos celebraron. Descubriría que el alcohol y la nicotina serían una mala combinación.

Un golpe lo despertó bruscamente de un sueño pesado. Cuando logró abrir los ojos observó una figura conocida con un arma no tan común. Su madre lo golpeaba con una escoba mientras gritaba improperios a los cuatro vientos. Rodrigo se defendió como pudo poniendo sus piernas como escudo. Ella  amenazó con echarlo de su casa si llegaba de nuevo “borracho”. “Tuve que lavar toda la casa, porque vomitaste hasta las fotos familiares” decía histérica la señora. Al salir la doña de su cuarto, intentó acordarse de lo ocurrido pero todo era fallido. Revisó algunos mensajes y notó uno que lo dejó sin palabras “Hermano gracias por la vuelta. Me quedé en la casa de Paola, hicimos de todo…nos vemos mañana”.

Toda la tarde la pasó pensando, cuadrando ideas y escuchando el sermón que su madre le daba. No le gustaba casi estar en la web, pero  la tarde le parecía larga y quería que llegara la noche para dormir y olvidar lo ocurrido. Revisó sus actualizaciones, comentarios y correos electrónicos no leídos, se detuvo a observar detalladamente cada imagen que tenía con Andrés. Aceptó que no era para él.  Un mensaje inesperado le anunció que las clases fueron suspendidas por una semana.

Era lo que necesitaba para entender que Andrés no sería más que su mejor amigo, de ahí no podía pasar. Consideró inapropiado saltar los límites y terminar perdiendo a una persona que entendía su vida desde otra perspectiva, aunque eran como el agua y el aceite se entendían muy bien, era una fusión poderosa. Tomó la iniciativa de probar suerte en el amor con una persona fuera de sus límites. Y en efecto lo consiguió. Un colombiano fue el elegido, entablando una conversación que comenzaba a dar frutos en pocos días.

No salía de su computadora, día y noche no paraba de escribir. Por cámara web lo conoció, enamorándose de su sonrisa. Lo mismo decía Manuel el chico colombiano de Rodrigo. En altas horas de la noche fue cuando pudo tener su primer “contacto sexual”. Miles de kilómetros no fueron impedimentos para sentirse parte de su compañero. Era algo extraño para él, pero no causaba dolor y podía parar cuando quisiera sin sentir pena por el otro. En una semana ya lo quería. Para él fueron meses. No le tomó importancia al mensaje que Andrés le mandó anunciándole que estaba de viaje con su familia ni las súplicas de Paola para saber de su amigo. Su mundo giraba en torno a Manuel y no haría nada para acabar lo que con sus manos (literalmente) consiguió.

Esa semana conoció por internet a una chica que terminó siendo su amiga. Parecía una locura, pero no salía de su cuarto y necesitaba alguien con quien desahogarse. Con lujos detalles contó lo ocurrido y el proceso para conocer a Manuel. El interés por la chica llamada “Perla” de saberlo todo no era normal. Pero no incomodada a un Rodrigo que se sentía por vez primera ilusionado. Perla pudo sacar información confidencial, convirtiéndose en la íntima amiga cibernética de él.  Ésta la fue la última conversación que Rodrigo tuvo con ella.

-Perla querida amiga, ya no me respondes… ¿Qué sucede?
-No estoy bien Rodrigo, todo gira en mi cabeza.
-Puedes confiar en mí, ¿Qué te sucede? Sería injusto que yo no te ayudara cuando tú has estado ahí en todo momento.
-¿Qué harías si tu mejor amigo te miente… mejor… que no confía en ti?
-Le diría lo que siento y lo que pienso. Sin reprocharle preguntaría el por qué. Aunque creo que cuando se tiene un mejor amigo no deben existir secretos.
-¿Tú tienes un mejor amigo?
-En lo absoluto… se llama Andrés.
-¿Le cuentas todo?
-Por supuesto, no existen secretos entre los dos.
-¿Y por qué él no sabe que tú eres gay?
-¿Cómo sabes que él no sabe? No creo haberte contado eso.
-Porque Perla soy yo Rodrigo, a quien le escribes es a Andrés “tu amigo”.



El grito que Rodrigo lanzó llegó a los cielos despertando a la legión de ángeles que tomaban un descanso luego de una lucha difícil con los demonios. Rodrigo no sabía qué podía ocurrir.

4 comentarios:

  1. Me ha encantado. Es difícil según que temas escribas pero se nota que tú no tienes miedo, que eres un escritor comprometido.

    Saludos

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  2. Sí, es difícil. pero al final los personajes dejan que todo fluya y terminan escribiendo ellos.
    Un abrazo a lo lejos.
    Saludos y gracias por tomarte el tiempo para leer y comentar.

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  3. Me gusta la soltura con la que escribes David y como a tu corta edad ya tienes tanto que contar. Muy buena historia, te veo llegando lejos...

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  4. Awww Ines. Qué bonitas palabras. Muchas gracias de verdad.
    Eso me motiva a seguir.
    besitos.

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