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Sangre en el colegio


El día que la sangre brotaría de su cuerpo, Daniela se levantó antes que saliera el sol. Era una costumbre heredada de su fallecida madre. Dejaba todo acomodado antes de ir al colegio, y la comida caliente envuelta en algunos trapos para su padre. Los dos se protegían el uno para el otro, no era raro verlos juntos a cualquier hora del día si tenían tiempo libre. Luego de la muerte de su madre, las cosas cambiaron. Un giro completo marcó su vida en un antes y un después.

La desgracia fue presagiada por su abuela Carmen, quien sentía que algo iba a pasar ese día. Lo notó cuando una paloma que había entrado a su casa cayó al suelo producto de un fuerte golpe. El pobre animal, fue engañado por sus sentidos buscando la salida y seguridad en el espejo de la sala. La abuela al notar que la criatura no se movía se persigno, miró a los cielos y dijo “Desde hoy algo será distinto”. Eran las costumbres de su pueblo, prendió una vela preparándose para lo peor.

Daniela caminaba media hora hasta su escuela. Por el camino compañeros de clases se le unían a la atlética caminata. Conversaban de cualquier cosa como si por mucho tiempo no hubieran tenido contacto. Era común, en ese pueblo andino olvidado ocurría lo mejor en las noches de silencio, donde ningún centinela divisaba las sorpresas.

Limpiaron sus zapatos llenos de polvo antes de entrar al colegio, revisaron sus uñas y cabellos y acomodando sus uniformes decidieron entrar. Era preferible hacerlo que recibir un jalón de orejas de la gruñona maestra de su año. La “profe” los acomodó en fila. Junto a los demás estudiantes de la institución todos cantaron el Himno Nacional. “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando la virtud y honor” decían todos a una sola voz. Cuando la niña que cantaba en el coro de la iglesia desafinó sin motivos, algunos sabían que las cosas no andarían bien, pidieron a Dios que todo fuera un “cuento chino” de niños.

La clase se divisaba tranquila para los alumnos. Daniela sacó su lápiz y de inmediato comenzó a escribir todo lo que dictara o explicara la maestra.  El tema era la geografía descriptiva. Algunas banderas fueron dibujada por la ya arrugada docente, que creía conveniente que  la enseñanza era necesaria “ilustrarla para poder leerla” parecía que daba efecto en sus humildes niños. Sus alumnos mostraban interés en sus clases  y desde hacía mucho tiempo no había jalado de nuevo algunas orejas.

La directora escuchó los gritos y de inmediato salió corriendo de su escritorio, algunos profesores la acompañaron en la búsqueda de lo ocurrido. Cada paso lo sentía largo, lleno de cansancio y le parecía imposible llegar a tiempo. Ese grito lleno de terror, provocaba en su estómago sentimientos de todo tipo, y su mente le jugaba bromas pesadas haciéndole imaginar lo peor. Si una atroz escena aparecía enfrente de sus ojos su vida sería desgraciada, y los sueños de ser parte del Ministerio de Educación se verían eclipsados por esa imagen que no podría borrar de su cabeza. Al llegar la sangre la dejaba en shock. Se quitó sus lentes, limpió el sudor mientras miraba a la víctima horrorizada, a los testigos y el culpable de todo.

Los compañeros de clase formaron un círculo, dejando en el medio a la víctima con su dolor, su vergüenza y su sorpresa. Una escena como esa jamás había ocurrido en esa casa de estudio. Se pedía precaución a los padres y los niños también. Era cosas que podían pasar una vez en la vida. La maestra con firmeza se acercó a la niña quien aún seguía con vida. “Ha muerto la niña…” dijo la mujer mientras intentaba levantar a Daniela del piso. La cara de incredulidad de todos le hizo lanzar otra frase, para calmar los nervios de todos. “…Pero ha nacido una mujer”.

Y en efecto así era. Daniela sangraba desde su vientre. El hilo de sangre recorrió sus piernas para posar ante los presentes recostada en el piso, estirada y sin permiso. La directora explicó lo que pasaba, y paso a paso le contó ese proceso. Cuando Daniela entendió, supo que no era culpa de nadie. Su padre no imaginó que ese momento llegaría tan rápido, y ella tan chica nunca recibió consejos de ese tipo. Una de las compañeras que esperaba la muerte de su niña externa le ofreció unas toallas sanitarias que guardaba en su maletín escolar. La maestra vio prudente que marchara, y al llegar a su casa conoció partes de su cuerpo que tiempo atrás no imaginaba tener.

Su abuela llegó con prisa a la casa de su nieta, pero ya era demasiado tarde. Le explicó lo que sucedió con la paloma y cómo en su pueblo andino olvidado eso era indicios de que a una niña de la familia le llegaría “el período”.  Junto a su abuela, Daniela revisó en la enciclopedia familiar, esa que tenía más años que hojas ilustradas, el fenómeno que le acaba de ocurrir. “Abuela se llama menstruación” dijo con seguridad. Aunque su abuela renegando la idea de esa frase tan “formal” preparaba café para velar por su nieta y explicarle todo lo que debía hacer de ahora en adelante.

Cuando el padre llegó la sorpresa lo invadió y la preocupación se burló en su cara. Ya Daniela no era la niña que años atrás tuvo en sus brazos, era toda una mujer. Llegarían “zamuros” a querer llevarse el tesoro de su hija y eso (mientras estuviera en sus manos) no lo iba a permitir. Pidió ayuda al ánima de su esposa y a Jesucristo. Necesitaba mejorar como padre, le parecía que todo marchaba muy rápido sin hacer nada a cambio.



Daniela por su parte, recordaba ya de noche lo que le había ocurrido. Terminó por llevar toallas sanitarias en su bolso y se hizo mejor amiga de sus “protectoras”. Ya estaba preparada si volvía a ocurrir. Ella no quería que ante el asombro de muchos y vergüenza suya, corriera sangre en el colegio. Recordando de nuevo la vez que murió la niña externa para darle paso a una mujer nueva. Condenada a sufrir hasta dar a luz por designios divinos que se debían respetar.

8 comentarios:

  1. Muy bueno, la falta de informacion, la ingenuidad, provocaron esa situacion,

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    1. Así es compañera. En ocasiones sucede.
      Saludos a lo lejos.

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  2. Entretenido simbolismo el que manejaste.

    Saludos.

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    1. Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar compañero.
      Un abrazo.

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  3. Hola Jose, en tiempos anteriores sucedía eso, aunque deben darse casos excepcionales. Con el chorro de información que hay, las niñas de hoy saben mas que las de antes.
    Abrazos--

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    1. Hola Alejandra, tienes razón. Pero recuerda que este "Pueblo Andino Olvidado" está apartado de los grandes cambios. Un abrazo.

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  4. La sangre fértil que anuncia vida futura. No he podido evitar, sin embargo, un escalofrío al recordar a Carrie. Un abrazo, David

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    1. Carrie, un honor para mí. gracias por pasarte , un abrazo Fernando.

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