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El Hijo del Mar

En el pueblo andino olvidado no hay mar , y cuando lo vi por televisión cuando era muy niño supe que debía conocerlo. A mediados de...

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Mejores amigos (III)


Rodrigo levantó su encierro y caminó por las calles del lugar, buscando un remedio que le permitiera salir de ese pozo donde se encontraba. Él confiaba a ciegas en Andrés, pero no dejaba de recordar lo difícil que fue su vida en el liceo. Su sexualidad podía ser el “chisme del año” correría por cada ventanal del pueblo. Sumiéndolo a él y a su familia en un caos total que podía derivar en la vergüenza moral de su seres queridos.

Ese día la ansiedad lo estaba matando. Sentía un cosquilleo en el estómago que de inmediato subía a su garganta sin pedir permiso alguno. Luego de una semana, sintió ganas de fumar. Corrió al negocio más cercano ante el asombro del vendedor que conociéndolo desde niño no entendía esa actitud. La frase “negocio es negocio” entró en la cabeza del comerciante quien no dudo en complacer a su cliente.

Existía un lugar donde Rodrigo buscaba tranquilidad en momentos de dificultad. Prendió su cigarrillo con unos cerillos que trajo de su casa. Cuando el humo entró en su cuerpo sintió una sensación extraña que terminó mareándolo. Su mano temblaba un poco pero no le dio importancia. Su miedo giraba en torno a qué tan fuerte estaba cimentada la amistad con Andrés.

¿Qué hará? ¿A quién le dirá? ¿Será homofóbico? Preguntas que paseaban por los mares de su mente como góndolas en los canales de Venecia. “’Qué bella es Venecia” pensó. Movió su cabeza y se centró en lo que tenía que hacer. Por ahora esperar, y ver hacia qué caudal marcharía todo.

Volvió a su hogar a paso lento. Por su andar dejaba atrás miedos y tristezas. Fue entonces que reaccionó e intentó calmarse “Soy inocente hasta que se demuestre lo contrario” se dijo así mismo. Compró un caramelo de menta para que camuflajear el olor a nicotina. Cuando  llegó a su casa sintió que estaba sentenciado a una muerte dolorosa.

Andrés conversaba con la madre. La señora que llamaremos Doris, observó con gestos de rabia a su hijo, esto puso a Rodrigo a temblar, su cara cambió a palidez total y su corazón marchaba a un ritmo de corredor de obstáculos. “Tienes clases y no te has ido a bañar. El pobre Andrés tiene horas esperándote” dijo Doris, mientras dejaba a los dos jóvenes a solas. El alivio de Rodrigo fue evidente, por lo menos seguía con vida en este mundo.

Marcharon al cuarto en silencio, nadie dijo una palabra por el corto camino. Rodrigo puso pasador a la puerta. No se atrevía a mirar a la cara a su amigo, pero era necesaria una explicación. El silencio se cortó con modestia, pero sin preocupación. Eso parecía.

-¿A qué juegas Andrés?
-Eso preguntó yo, porque sinceramente ya no sé quién eres tú.
-¿Por qué te hiciste pasar por una mujer?
-Quería burlarme de ti, hacer que te enamoraras de “Perla” me contarías y luego yo me burlaría de ti. Eso creía. Pero ese no es el caso. ¿Por qué no me dijiste que eras gay?
-¿Qué quieres? ¿Qué lo grite por toda la calle? Es algo muy delicado y muy mío. Nadie debía enterarse.
-¿Ni siquiera tu “mejor amigo”?
-Manejo el tema con mucha prudencia.
-¡Claro! Tanto así que a la primera persona que consigues en internet se lo cuentas.
-¿Vas a decirlo?
-No. Puedo jurar que sentías miedo porque pensabas que lo diría a los cuatro vientos, pero no es así. Mientras no seas tan obvio todo marchará bien. Mi madre es homofóbica, en mi caso no tanto.
-No sabes el alivio que me das. Te mereces un abrazo- Rodrigo se acercó a Andrés pero éste lo frenó.
-Ahórrate la celebración para otro día vamos retardados a la universidad.

Las semanas siguientes, Rodrigo fue contestando cualquier preguntar que a Andrés se le ocurrieran. Con calma y paciencia intentaba explicarle a su amigo las cosas por su nombre. La primera regla que le pidió cumplir fue no referirse a ningún homosexual como “marica” en su presencia. “Harás lo posible en evitar fases despectivas” Andrés aceptó, pero pidió tiempo para acostumbrarse, él era su primer amigo gay.
Un círculo de allegados a la universidad se enteraron por boca de Rodrigo su condición sexual. La primera en tenderle todo el apoyo fue Paola, siendo una gran sorpresa para él. Notó que Andrés y ella comenzaban a tomar en serio la relación. Pidió detalles porque en su encierro cibernético no supo de mundo. Todos lo entendieron.

Comenzaba a sentir alivio, sus amigos más allegados ya sabían que era gay, esto le permitía moverse con más facilidad entre ellos sin sentir presiones y temores a su alrededor. En un principio creía que sería despreciado o apartado del grupo por su condición, pero al contrario, sentía que lo querían por lo que era y esto le hacía feliz.

La madre de Rodrigo casi caía al suelo cuando llegó el recibo telefónico. Una exorbitante suma de dinero y el destino era Colombia.La mujer pedía explicaciones, pero su hijo no sabía que responder. Hasta que le dijo algo que la sorprendió “Mi novia es de allá mamá”. Aún con dudas decidió llamar al número que aparecía en el recibo esperando escuchar la voz de una mujer. En efecto fue así, ella cortó de inmediato. Doris canceló las llamadas internacionales para evitar “costos innecesarios” A Rodrigo le preocupaba ahora era la desconfianza de su madre ante el incidente. Sentía que era muy evidente.

Eso sería tema de otro día. Se preparaba para la fiesta que organizaba una compañera de clases. Pidió permiso a su madre para que Andrés se quedará esa noche a dormir en su casa. Cuando llegaron al lugar los dos amigos tomaron caminos separados. Rodrigo se dirigió a un grupo de compañeros que en cada noche de copas se dedicaban a conversar y tratar de cambiar el mundo con sus palabras. Andrés se fue a una esquina con Paola a realizar cosas que hacen los novios.

Rodrigo lanzó un tema que puso a muchos incómodo. “¿Qué opinan del matrimonio entre personas del mismo sexo? Miradas conspiradoras  y muecas salidas de escenas comenzaban a acompañar al grupo de amigos que ya estaban algo pasados de tragos. De los seis, dos chicas apoyaron la idea del matrimonio alegando que “todos tenían que tener los mismo derechos”, la sonrisa de Rodrigo era de agradecimiento. Dos más opinaron distinto. Para ellos era mejor quitarle la palabra matrimonio y ponerle uniones civiles. “Los matrimonios fueron hechos para el hombre y la mujer”. Ya los ánimos comenzaban a caldearse. Pero todo acabó cuando los que faltaban aseguraban lo siguiente “No somos Homofóbicos, pero no nos parece un buen ejemplo para los niños que dos hombres se casen”.

Ninguno dejaba que el otro expusiera sus alegatos. No era la primera vez que esto ocurría mientras bebían, lo extraño era que el tema molesto a Rodrigo quien buscó a su mejor amigo para marcharse del lugar. Paola les rogaba que no se marcharan, pero todo fue en vano. Andrés estaba también ebrio y no tenía dinero a la mano no le quedaba otra opción que irse.

Ya en el taxi, por el camino Rodrigo no dejaba de quejarse y fustigaba la idea machista que seguía viva en su país. Andrés le restaba importancia y sólo se limitaba a reírse. El taxista quiso opinar pero terminó recibiendo un sermón por lo cual decidió guardar silencio. Al llegar al pueblo andino olvidado, Andrés se cayó al bajarse del vehículo. Las carcajadas de los dos fue grande y muy ruidosa. Los perros del lugar comenzaron a ladrar como pocas veces siendo en vanos los intentos de Rodrigo porque estos se callarán.
En silencio marcharon al cuarto, no sin antes tropezarse ambos con la mesa de fotografías del hogar. Era la primera vez para Rodrigo que compartía habitación con un joven. El caso contrario recaía en Andrés quien siendo futbolista en par de ocasiones compartió cama con chicos en uno que otro campeonato nacional.
Rodrigo se quitó la ropa y de inmediato se lanzó a la cama. Andrés no paraba de reír.

-Es la primera vez que dormiré al lado de un maricón… perdón con un gay.
-Duerme en el piso si te parece más seguro- dijo con ironía Rodrigo.
-Estoy borracho pero todavía estoy consciente de mis actos. Eres mi mejor amigo confío en ti.

Rodrigo no pudo apartar la vista de Andrés cuando éste empezó a quitarse la ropa. Era la primera vez que veía a su amigo semidesnudo. Notó algunos lunares que hacían juego con su definido cuerpo. Sus piernas eran flacas, pero duras como rocas. Reconoció que Andrés era atractivo y que fue eso lo que hizo que tiempo atrás terminara atrayéndolo. Cuando los dos estaban acostados, los brazos tibios hicieron contacto. Con la luz apagada conversaron por un breve rato, mientras miraban las estrellas artificiales que decoraban el dormitorio.

-Nunca te lo he dicho, discúlpame por ser tan mala persona contigo cuando estábamos en el liceo.
-Ya todo está borrado Andrés, pero gracias. Ahora tengo más que agradecerte que reprocharte.
-No entiendo por qué decidiste ser gay. Respeto tu decisión, pero tú eres guapo, podrías tener loca a cualquier chica si te lo propusieras.
-No lo decidí, nací así. Si pequeño me hubieran dado la oportunidad de elegir entre ser hetero u homo, preferiría ser hetero. Nadie quiere vivir una vida de sufrimientos y señalamientos ¿No crees?
-Si entiendo. Sería masoquismo en su peor expresión.
-¿Crees que soy guapo Andrés?
-En lo que se puede decir.
-Tú lo eres más, ya veo por qué tienes a Paola dando vueltas en un trompo por ti.
-Paola es hermosa… pero no me entiende como tú.
-Pues nada es perfecto.
-Sí tú fueras mujer, no dudaría un segundo en enamorarte, serías perfecta para mí.
-Ya ves que no es así- Dijo riendo Rodrigo.
-Quisiera probar tus labios-dijo Andrés mirándolo.
-No sabes ni lo que dices Andrés. Será mejor que duermas, el alcohol está haciendo que veas velas donde no las hay.
-¿Negarás que no sientes atracción por mí?
-¿Qué dices?... ¿Estás loco?
-¡Dímelo! O crees que no veía cuando de reojos observabas mi cuerpo-Andrés se sentó en Rodrigo.
-Sí, pero eso era antes.
-Bastará para mí.

Andrés beso a un Rodrigo sorprendido. Sus labios estaban calientes y pusieron tibios los de su amigo. Notaron que en cierta medida la temperatura subía, y no querían hacer nada para bajarla. Algunas cosas comienzan a despertar cuando el deseo se hace presa de la pasión. Rodrigo era virgen, nunca había estado con un hombre, pero tomó el caso como un experto. Ambos chicos intentaban dominar el juego que desencadenaría un acto sexual entre mejores amigos. Andrés probó cosas que con decenas de chica no había conseguido saborear. Supieron que sus labios no eran sólo para besar. Y que el tacto de las pieles hacía que sus ojos estuvieran cerrados para no ser testigos de lo que ocurriría bajo las estrellas artificiales de un cielo de anime. Luego de un tiempo justo como era de esperar, Rodrigo fue penetrado por Andrés. El dolor fue cruel, intenso y crónico, pero era aliviado por dosis de caricias, besos llenos (de lo que parecía) amor. Al brotar la savia de sus troncos todo había terminado.



Fue así que Rodrigo y Andrés terminaron unidos bajos fuertes lazos de amistad, que con el tiempo terminaría en amor. O eso creía el primera de los dos. No todo sería color de rosa.

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